Hero Background

Sobre mí y la práctica

Sentido Somático y Luma Atma

Odemaris

Sobre mí

Desde pequeña me era imposible no bailar. El movimiento siempre fue mi forma instintiva de expresarme. Sentir mi cuerpo, su potencia y su lenguaje a través de las sensaciones ha sido algo natural a lo largo de toda mi vida.

Con el tiempo fui comprendiendo que esta relación con el cuerpo no era solo una forma de expresión, sino una manera de estar en el mundo. Mi intuición me ha guiado a reconocer mi experiencia como algo integral, donde mente, cuerpo y esencia no están separados, sino que se viven como una totalidad.

Uno de mis primeros caminos fue la danza contemporánea y el ballet. Me formé como bailarina, y aunque la danza fue profundamente significativa para mí, también encontré en ese mundo una exigencia marcada por estándares físicos, presión constante y una búsqueda de perfección que muchas veces dejaba poco espacio para lo esencial.

Aun así, la danza fue un punto de quiebre en mi vida. Gracias a ella pude salir de un momento muy oscuro. Dejar las drogas no fue un proceso forzado, sino algo que ocurrió de manera casi natural al encontrar en el movimiento un sentido profundo para vivir. Cada día tenía dirección, y bailar me devolvía a la vida.

Sin embargo, había en mí una pregunta que seguía abierta: ¿qué le da verdadero sentido a la vida?

A los 19 años comencé a explorar la psicología y la filosofía budista. Este momento marcó un antes y un después. Encontré un camino que me ofrecía coherencia, profundidad y una comprensión más amplia de la experiencia humana.

Ahí tuve mi primer acercamiento real a la compasión, no como idea, sino como experiencia viva. Tuve la oportunidad de participar en retiros con maestros tibetanos, donde exploramos la vacuidad y la compasión desde la práctica directa.

A los 21 años inicié mi camino en el yoga tradicional y la educación somática. Fue el inicio de una integración más profunda entre lo que sentía, lo que pensaba y lo que era.

En ese mismo periodo atravesé una de las etapas más desafiantes de mi vida: la anorexia. Poco a poco, a través de la práctica constante, el yoga y la meditación, comencé a construir una relación diferente conmigo misma. No desde la exigencia, sino desde el respeto y el cuidado. Con el tiempo, los patrones autodestructivos fueron perdiendo fuerza.

Me formé en distintas tradiciones de yoga como Hatha, Vinyasa y Kundalini. Sin embargo, fue el yoga tradicional de Cachemira y el Advaita Vedanta lo que tocó profundamente mi corazón por su sencillez y profundidad.

Durante varios años viajé para encontrarme con mis maestros. Más allá de cualquier certificación, lo que recibí de esos encuentros fue una enseñanza viva: una presencia clara, amorosa y profundamente humana.

Compartíamos silencios, prácticas y conversaciones donde las preguntas más íntimas podían abrirse sin prisa. No se trataba de lograr algo, sino de refinar la capacidad de sentir, de observar y de habitar la experiencia con honestidad.

En ese camino confirmé algo que siempre había estado en mí:

Nací para moverme... y para acompañar a otros a moverse. Mover el cuerpo, el corazón, la mente. Mover lo que ha quedado detenido... para poder, poco a poco, descansar en la quietud.

Con el tiempo, mi búsqueda se abrió hacia otras formas de comprender la salud. Me formé en terapia floral, bioenergética y terapia craneosacral, ampliando mi mirada hacia una comprensión más integrativa del bienestar.

Durante muchos años fui considerada “demasiado sensible”. Hoy reconozco que esa sensibilidad es una forma de percepción profunda.

Tal vez tú también lo has sentido...

Esa intensidad emocional, esa dificultad para encajar, esa sensación de que hay algo en ti que necesita ser comprendido de otra manera.

En mi caso, fue a través del cuerpo donde encontré esa comprensión.

Al convertirme en madre, nuevas capas de mi historia se hicieron visibles. Aspectos que aún reaccionaban, que necesitaban ser atendidos con más profundidad. Esto me llevó a explorar el trauma, la neurociencia y la relación entre el sistema nervioso, las emociones y el cuerpo.

Me formé en terapia somática informada en trauma, teoría polivagal y teoría del apego. Este enfoque trajo una comprensión más clara y práctica de muchos procesos internos que antes se sentían confusos o difíciles de sostener.

Hoy, después de más de 20 años de camino, siento que todo lo vivido comienza a integrarse con mayor madurez.

Mi trabajo nace de ahí.

También integro el arte como una forma de expresión de aquello que no siempre puede ser nombrado. Un espacio para lo preverbal, para lo simbólico, para aquello que necesita ser sentido antes que explicado.

Así, mi trabajo se teje desde tres dimensiones que no están separadas: el cuerpo, la conciencia y la experiencia humana.

Sentido Somático

Sentido Somático nace de una comprensión sencilla y profunda a la vez:

Nuestra experiencia de vida no ocurre solo en la mente, ni solo en el cuerpo, ni solo en lo emocional. Ocurre en la integración de todo ello.

Es un espacio donde no es necesario fragmentarse para sanar.

Donde la biología, las emociones, las relaciones, la historia personal y la dimensión espiritual pueden convivir sin jerarquías.

Parte de reconocer que una vida con sentido no es una vida sin dolor. El dolor, la pérdida, los desencuentros... forman parte de lo humano.

Lo que transforma la experiencia no es evitarla, sino la forma en que podemos relacionarnos con ella.

Cuando una experiencia puede ser sentida, acompañada e integrada, algo cambia. El sistema nervioso encuentra más coherencia. La vida comienza a sentirse más habitable.

“Sentido Somático” también habla de esto: de cuando algo “hace sentido” no solo a nivel mental, sino en el cuerpo.

De esa sensación interna de coherencia, donde lo que vivimos, sentimos y comprendemos empieza a alinearse.

El cuerpo, el soma, no es solo un medio, es el lugar donde la vida sucede.

Y cuando aprendemos a escucharlo, a respetarlo y a habitarlo con más presencia, se convierte en una guía.

Desde ahí, la ciencia y la espiritualidad dejan de ser opuestas. Se encuentran en la experiencia directa.

Y es desde un sistema más regulado y una mente menos cargada que la esencia puede expresarse con mayor libertad.


Trabajo desde una perspectiva somática informada en trauma, integrando movimiento consciente, escucha profunda y presencia compasiva.

Acompaño principalmente a mujeres que desean comprenderse más allá de la mente, reconectar con su cuerpo y construir una relación más honesta y amorosa con su experiencia.

Uno de los pilares de mi trabajo es crear un puente entre la ciencia y la dimensión espiritual de la experiencia humana, donde ambas se vuelven tangibles en la sabiduría del cuerpo.


Mi camino comenzó desde la rebeldía. Hoy lo reconozco como una forma de búsqueda.

El camino del artista y el del yogui, en el fondo, comparten algo: la disposición a mirar más allá de lo establecido, a cuestionar, a sentir profundamente.

Nací con el alma inquieta, con el deseo de explorar la libertad desde la experiencia directa.

Y esa es la invitación que comparto contigo:

No hay un camino único. No hay un lugar al cual llegar.

Pero sí existe la posibilidad de acercarnos, con curiosidad y honestidad, a nuestra propia experiencia.

Que tu vida pueda ser un espacio de encuentro contigo misma. Un camino de autoconocimiento, amor y libertad.

Y que, poco a poco, encuentres tu propio ritmo... para danzar esta vida con más presencia y gracia.

Celeste
"

En mis sesiones con Odemaris tuve la oportunidad de conectar con mi ser interior de una manera tan profunda y significativa que pude liberar la ansiedad. Me conecté con experiencias que, una vez traídas a la conciencia, se volvieron increíblemente poderosas y transformadoras. Desde entonces, algo realmente cambió dentro de mí.

Celeste Cliente de sesiones 1:1
Ana
"

El trabajo somático con Odemaris marcó un claro antes y después en mi vida. Fue una verdadera reconexión con lo que necesitaba sentir — con mis emociones y con mi cuerpo. Comprenderme a mí misma como un ser consciente fue profundamente hermoso. Gracias por tu generosidad, Ode... por ayudarme a sentirme segura y acompañada hacia la calma y el amor.

Ana Cliente de sesiones 1:1
Romy
"

Tuve una experiencia muy significativa con Odemaris. Desde el momento en que entré en su espacio, me sentí recibida con calidez y cuidado. Me ayudó a liberar el trauma a través del proceso terapéutico... Siempre me recibió con los brazos abiertos, escuchando profundamente lo que necesitaba.

Romy Cliente de sesiones 1:1
Maribel
"

Recomiendo profundamente estas sesiones. Nuestros cuerpos necesitan liberar lo que ya no es saludable. A través de este trabajo, experimenté una forma muy especial de autoindagación que apoya nuestro bienestar más profundo, sostenida desde un lugar de amor.

Maribel Cliente de sesiones 1:1
Antonia
"

Este proceso me ayudó a sanar recuerdos difíciles que me causaron dolor durante muchos años. Estas experiencias ya no definen quién soy; ahora son parte de mi historia, no mi identidad. La terapia somática me enseñó a habitar mis emociones desde un lugar amoroso, curioso e integrador.

Antonia Cliente de sesiones 1:1
Tacha
"

Llegué a este proceso después de atravesar momentos muy oscuros... El acompañamiento de Odemaris ofreció un espacio donde pude mirarme con honestidad y amor. A través de este proceso, pude volver a mí misma, reconocer mi valor y reconectar con una luz interior que había olvidado.

Tacha Cliente de sesiones 1:1